Semillas de vida: La mujer rural, raíz de nuestra alimentación
Un Espejismo en el Calendario
A simple vista, el calendario marca dos conmemoraciones consecutivas: el 15 de octubre, el Día Internacional de la Mujer Rural, y el 16, el Día Mundial de la Alimentación. Podríamos tratarlas como islas temáticas separadas, pero sería un error. No son dos días independientes, sino dos caras de una misma moneda. Celebrar uno sin reconocer al otro es ignorar la realidad más básica de nuestro sistema alimentario: detrás de los alimentos que sustentan nuestra vida, hay millones de mujeres rurales cuyo trabajo es, con demasiada frecuencia, invisible.
La mujer rural no es solo una figura pintoresca en el paisaje. Es la columna vertebral de la agricultura. Para dimensionar su papel, basta con mirar los números: en América Latina y el Caribe, las mujeres representan aproximadamente el 40% de la fuerza laboral agrícola, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En países como México, su contribución es igualmente vital, estando presentes en más del 50% de las unidades de producción rural.
Sin embargo, aquí yace la primera gran paradoja. A pesar de ser pilares de la producción, solo una fracción mínima es dueña de la tierra que trabaja. Los datos son claros: en toda Latinoamérica, se estima que las mujeres son propietarias de menos del 30% de las tierras agrícolas, y en muchos casos, ese porcentaje se reduce. En 2015, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) destacó que, aunque las mujeres del campo producen más de la mitad de los alimentos a nivel mundial, en Latinoamérica y el Caribe siguen viviendo en una situación de desigualdad social y política. Solo el 18% de las explotaciones agrícolas son manejadas por mujeres, quienes reciben solo el 10% de los créditos y el 5% de la asistencia técnica del sector.
En México, por ejemplo, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reporta que, aunque las mujeres constituyen el 51% de la población rural, solo el 26% de los ejidatarios o comuneros con derechos parcelarios son mujeres. Esta brecha no es solo una injusticia; es un lastre para el desarrollo.
Las mujeres rurales, que dedican mucho tiempo a la obtención de alimentos, agua y energía para sus familias, dependen críticamente de los recursos naturales. Sin embargo, enfrentan desigualdades significativas en el acceso a la tierra y otros activos esenciales. A pesar de que ellas son fundamentales en la producción agropecuaria y la economía doméstica y comunitaria, en Oaxaca, solo el 27.5% de las personas con derechos agrarios son mujeres (SEDATU, 2024).
El nexo indisoluble: Sin ellas, no hay alimentación sostenible
Aquí es donde el Día Mundial de la Alimentación (16 de octubre) encuentra su verdadero significado. El lema de este año suele girar en torno a la «alimentación sana» o «sistemas sostenibles». Pero, ¿cómo logramos estos objetivos si ignoramos a quien siembra, cuida y cosecha, pero no puede decidir sobre la tierra?
Esta falta de acceso a la tierra se traduce en una cadena de exclusiones: menos crédito, menos seguros, menos tecnología y menos capacitación. Las consecuencias son devastadoras para todos. Según el Banco Mundial, si las mujeres tuvieran el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres, el rendimiento de sus tierras aumentaría entre un 20% y un 30%. Este no es solo un dato económico; es la clave para dar un salto de la mera seguridad alimentaria a la auténtica soberanía alimentaria.
Mientras las grandes corporaciones priorizan la producción masiva de alimentos ultraprocesados, que dañan nuestra salud y nuestro planeta, existe otra lógica, la de los hogares rurales encabezados por mujeres. Una lógica basada en la reproducción de la vida, no solo en la producción de mercancías. Es la lógica que defiende el territorio todos los días, una semilla a la vez, garantizando alimentos sanos, culturalmente apropiados y resilientes al cambio climático.
Garantizar la tenencia de la tierra no es una opción, es la única vía para un sistema alimentario que realmente nos sustente. Cuando se garantiza la tenencia de la tierra y recursos, se activa un círculo virtuoso. Las mujeres rurales invierten en la salud y educación de sus hijos, diversifican los cultivos para una dieta más nutritiva y adopta prácticas más resilientes al clima. En definitiva, se convierte en la mayor garantía para la seguridad y la soberanía alimentaria.
Un compromiso conjunto
Por lo tanto, no podemos permitirnos el lujo de ver estos dos días como eventos separados. El 15 y 16 de octubre son una sola conversación. Las cifras lo demuestran: honrar a la mujer rural, cerrar la brecha de género en el acceso a la tierra y los recursos, es el primer paso indispensable para lograr la seguridad alimentaria mundial.
Como organización Servicios del Pueblo Mixe, A. C nuestro compromiso debe ser dual: visibilizar el trabajo de estas mujeres y abogar por políticas que transformen estas estadísticas. Apoyarlas a ellas no es solo un acto de justicia; es la inversión más inteligente y estratégica que podemos hacer en el futuro de nuestra alimentación.
El verdadero homenaje en estas fechas es entender que, sin la semilla que siembra la mujer rural, no hay alimento que celebrar. Los datos, fríos en el papel, cobran vida en sus manos. Es hora de que nuestro reconocimiento también lo haga.
Fuentes
- Centro de Estudios de las Mujeres y Paridad de Género. (2015). Las mujeres y la tenencia de la tierra en Oaxaca. H. Congreso del Estado de Oaxaca, LXIV Legislatura.
- (2015). FAO aboga por mayor acceso de las mujeres a la tierra en América Latina y el Caribe. Naciones Unidas. Recuperado el 4 de abril de 2024, de https://news.un.org/es/story/2015/08/1336661
- (2022). Censo Agropecuario 2022. Principales resultados.Instituto Nacional de Estadística y Geografía. https://www.inegi.org.mx/programas/ca/2022/
- ATLAS DE LA PROPIEDAD SOCIAL DE LA TIERRA EN MÉXICO 2024
